Acostumbrados a la violencia

Estando en Los Ángeles, California mi esposa y yo visitamos el museo de la tolerancia. La exhibición central expone el holocausto judío ejecutado por los nazis durante la Segunda guerra mundial. A lo largo del recorrido por mi mente deambularon adjetivos como injusto, absurdo, inhumano, aberrante, enfermo, terrible, doloroso, increíble, desalmado… Provoca náuseas reflexionar sobre lo que las personas somos capaces de hacer.

 

Un análisis simplista sobre ese hecho siniestro nos lleva a concentrar las culpas en los líderes del movimiento nazi; sin embargo, y sin eximirlos de responsabilidad, considero que no son los únicos culpables. Cientos de miles de ciudadanos ordinarios de varios países de Europa apoyaron las políticas racistas y homicidas del movimiento fascista. Vecinos delatando a vecinos, familiares entregando a sus parientes, niños burlándose de sus semejantes. Tristemente la historia nos enseña que la intolerancia, el racismo y la violencia no es exclusiva de credos extremistas como los musulmanes radicales, los nazis o el Ku kux clan.

 

Nos hemos acostumbrado a la violencia e incluso la celebramos. Hemos convertido en acto de diversión observar comedias donde hombres y mujeres se enfrentan a golpes por una traición amorosa; premiamos series de televisión donde el protagonista es un hombre común que produce y comercializa metanfetaminas que destruyen personas, familias y comunidades enteras; bailamos y cantamos corridos donde se exalta a narcotraficantes y gozamos el morbo de ver parejas y familias pelear en programas de televisión donde amantes, adúlteros y padres e hijos se lían a golpes para deleite de los televidentes, mientras la conductora del programa, en su supuesto rol de mediadora, promueve la violencia en nombre de la armonía familiar. Vivimos abuso e intolerancia en nuestras casas, escuelas, trabajos y calles, pero no me refiero exclusivamente a los homicidios, secuestros y atracos. Experimentamos violencia cuando un hombre levanta la voz a su esposa; cuando la mamá grita a sus hijos; cuando el ciudadano menosprecia a un semejante por sus limitaciones económicas o de educación; cuando al conducir aceleramos el automóvil para no permitir que cambie de carril otro conductor.

 

Somos una sociedad auto destructiva, compramos a nuestros hijos video juegos (aunque cada vez son más los adultos que consumen estos productos) que consisten en hacer puntos asesinando personas o aniquilando “enemigos” de guerra; aplaudimos a cantantes que producen álbumes con etiquetas advirtiendo el alto contenido violento en su lenguaje. ¿Por qué sorprendernos ante el bulling escolar, el maltrato doméstico o los genocidios? Nos hemos acostumbrado a convivir con la violencia; la tomamos como parte de la vida diaria y dentro de las opciones de entretenimiento.

 

Mi propuesta es que de manera personal y familiar no compremos ni consumamos música, películas, programas de televisión e incluso libros donde la violencia sea promovida; en los que se coloca como héroes a delincuentes y se muestra a las mujeres como objetos a usar y desechar. Entiendo que hay producciones que exponen violencia para denunciarla; para crear conciencia. En estos casos me parece aceptable; pero seamos honestos, ¿cuestionamos el contenido de una película antes de ir a verla?, ¿nos tomamos la molestia de revisar el contenido de un video juego antes de autorizar a nuestro hijo que lo tenga?; ¿invertimos de nuestro tiempo en programas de televisión inadecuados? Violencia engendra violencia; lo que se repite se vuelve costumbre y lo que consideramos común pasa a formar parte de nuestras vidas.

 

Desde Caín hasta las notas pubicadas hoy en la prensa la violencia ha sido la constante en el género humano (¿o deberíamos llamarlo inhumano?). Sé que es una utopía pensar que desaparecerá; sin embargo mi invitación es individual, ¿estamos dispuesto a acabar con la presencia de este mal en nuestras vidas?, ¿tenemos el valor de rechazar la violencia en lo que consumimos por nuestros ojos y oídos?; ¿preferimos continuar justificándolo bajo la escusas como “sale un buen actor”, “tiene muy buenos efectos especiales” o “todos lo ven”? ¿Estás dispuesto a ser intolerante con la violencia?

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