Aléjate de mi amor o hazle caso a Camila

Mientras viajaba en automóvil con mi hija de dieciocho años escuchamos en la radio la canción “Aléjate de mí” del grupo mexicano Camila. Si usted no la ha escuchado o no le ha puesto atención a su contenido, le comento que el canto trata sobre un hombre que advierte a su enamorada que aún está a tiempo de alejarse de él, pues, para fortuna de ella, le nació decirle la verdad. El cantante afirma: “perdón, no soy quién crees, yo no caí del cielo” y en el coro agrega: “soy realmente bueno en engañar y hacer sufrir a quien más quiero”. Al escuchar tales confesiones no pude evitar tratar con mi hija este tema tan importante, pues además de preocuparme el problema social de la desdicha matrimonial me interesa sobre manera el futuro de ella.

Me encantaría que los seres humanos pudiéramos ser tan francos con las personas que nos relacionamos sentimentalmente como lo hizo el traicionero de la canción, sobre todo antes de que las relaciones tomen la seriedad de la vida en pareja. Lamentablemente durante los años que ejercí como consejero matrimonial fueron muchísimos los casos que atendí sobre parejas en los que alguno de los dos (está bien, debo admitir que casi siempre fueron los hombres) resultaron tan buenos como los cantantes mexicanos para engañar a quién más amaban.

Me es difícil entender muchos de nuestros comportamientos como humanos, uno de ellos es exactamente éste, ¿por qué esmerarse en conquistar a la mujer amada para después engañarle?, ¿qué hay en nuestro corazón que busca lastimar a quién amamos?, ¿por qué las mujeres (y en ocasiones también los varones) aceptan relaciones que les maltratan? Sé que existe el masoquismo, la co dependiencia, la baja estima y los compendios de psicopatologías y enfermedades psiquiátricas, pero que triste, doloroso y desgastante resulta vivir las consecuencias de desarrollar una relación de ese tipo.

Ese día en la carretera le expuse, sugerí y casi rogué a mi hija que jamás permita hacer crecer una relación en la que identifique actitudes violentas, abusivas y machistas. Le recomendé que concluya las relaciones en el momento en que un pretendiente, amigo, novio o cualquier otro tipo de ave de rapiña con buen gusto, intente tratarla mal. Menos mal que en la canción el protagonista se atreve a decir la verdad a tiempo, cosa que no suele suceder en la vida real, sin embargo cuando una persona “engaña a quien más quiere” convendría preguntarle qué significa para él o ella querer a alguien. Entiendo que los humanos cometemos errores, nadie estamos exentos de ello, pero una cosa es equivocarse y la otra obtener una maestría y doctorado de tanto practicar la traición.

Hace tiempo me pidió consejo una joven de veintidós años. Angustiada me decía que no sabía qué hacer ante la realidad que vivía con su novio. Éste era sumamente celoso, incluso se molestaba si ella iba a algún lugar sin avisarle, no importaba si su salida era al supermercado y con su madre; además, por lo que me describió, el joven tenía problemas con el alcohol, consumía drogas y ella pensaba que también las comercializaba. Obviamente, además de este póker de vicios, la trataba mal. Ignoro si este hombre consideraba amar a su novia, pero lo que sí sé es que quien tenía el verdadero problema no era él, sino ella. ¿Por qué permitía que alguien la trate así?, ¿por qué consideraba que se merecía vivir con miedo, pena y abusos?, ¿qué opinión tiene de sí misma que piensa que lo mejor puede obtener de la vida es mal trato?, ¿por qué insiste en intentar cambiar a alguien que con actos más fuertes que las palabras le canta “soy excelente en engañar a quien más quiero”?

Mi reflexión de hoy sólo pretende mostrar a quiénes “aún están a tiempo” que no se merecen mantener una relación de este tipo y hagan caso a la recomendación de la canción que dice: “aléjate de mí, pues bien sabes que no te merezco, quisiera arrepentirme, ser el mismo y no decirte esto, aléjate de mí, escapa, vete, ya no debo verte”. Finalmente sugiero a quiénes decidieron correr el riesgo y ahora viven las tristes consecuencias, que pidan ayuda. No podemos salir de una situación haciendo lo que hemos realizado hasta ahora. Si deseamos romper un ciclo de esta naturaleza requerimos de la asistencia de otros, desde una amistad o familiar para tener respaldo emocional, hasta un terapeuta, consejero o trabajadora social que brinde apoyo profesional. Les invito a que dejemos de ser el triste reflejo de este canto y busquemos transformar nuestros tiempos de dolor en un color esperanza.

Rafael Ayala es Especialista en Desarrollo Humano y Organizacional. Comentarios a: info@rafaelayala.com

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