Ser personas con caracter

La semana pasada vi en el noticiero a un niño colombiano que se ganó el derecho de ser noticia por entregar una cartera que se encontró en la calle, en el interior del bolso había más de setecientos dólares. Cuando el pequeño de 10 años vio el dinero decidió llevar la cartera a la estación de radio del pueblo para que anunciaran el hallazgo y la dueña pudiera recuperarla.

Lo que más me sorprendió de este hecho es que la actitud del niño fuera noticia. Vivimos en un mundo tan corrupto que se convierte en asombroso que alguien haga lo correcto. Nos hemos acostumbrado a que los políticos prometan y no cumplan; que los empresarios abusen; que los obreros no trabajen y que los líderes sindicales vean por su propio beneficio. Ya no nos sorprenden palabras como "divorcio", "fraude", "mentira blanca", "decapitaciones", "peculado", "secuestro", "chantaje" y "corrupción".

Es esperanzador saber que hay personas con carácter como lo demuestra el caso de este pequeño colombiano. Indudablemente todos conocemos a alguien digno de confianza. El reto es que nosotros nos convirtamos en uno de ellos. La palabra mágica detrás de todo héroe público o privado es "carácter".

La mayoría de los problemas que vivimos como individuos y como sociedad tienen una misma raíz: falta de carácter. La ausencia de carácter produce injusticia y caos. Podemos encontrar cientos de causas económicas, geográficas y naturales para justificar los males sociales que vivimos, pero si escarbamos más allá de la superficie, encontraremos que la raíz se encuentra enterrada en la falta de carácter de algún hombre o mujer.

Un político con carácter pone primero los intereses del pueblo; un padre de familia con carácter no abusa de sus hijos ni golpea a su mujer; un policía con carácter vela por el bien de la ciudadanía y no cae en complicidades delictivas. Es con carácter que se puede evitar caer en las garras del tabaco, alcohol y las drogas; o salir de ellas si es que ya estamos dentro.

Desarrollar una personalidad de carácter es conveniente para todos, sin embargo hacerlo no es tan fácil como hablarlo o como escribir al respecto. Mucho del problema es que hemos olvidado lo que realmente significa esta palabra.

El diccionario nos dice que carácter es la "individualidad moral, especialmente definida por la energía de la voluntad". En otras palabras el carácter es la fuerza interior que nos permite hacer lo correcto independientemente de las circunstancias. Se dice fácil, pero en la práctica no lo es. Ser una persona con carácter implica que debemos actuar con base en los más altos estándares de comportamiento ético incluso cuando no nos conviene y nadie nos ve. Si pensamos en los grandes hombres y mujeres de la historia mundial y de la historia de nuestras familias o comunidades descubriremos que poseían una misma cualidad: tenían carácter.

Cuando una persona tiene carácter su comportamiento es predecible, pues sabemos que hará lo correcto; por lo tanto, el carácter genera credibilidad y confianza. Nuestro reto no descansa en exigir a los demás que desarrollen su carácter, sino en mostrarles con nuestros actos, que sí es posible vivir de esa manera. He allí el desafío, pues el carácter se va formando al tomar las pequeñas decisiones de todos los días; esas decisiones que tomamos cuando no hay alguien alrededor para observarnos; actos que, aparentemente, pasarán desapercibidos para los demás, pero que fortalecen el músculo de la ética y la integridad. El gimnasio de la rectitud suele ser uno solitario; que nos exige ejercitarnos en privado. Es fácil tener una conducta recta cuando estamos ante la vista de los demás, pero qué gran reto es mantener esa congruencia en la oscuridad. Sin embargo es esta rutina de valorar y honrar cada decisión y acción de nuestra vida, a pesar de las consecuencias, la que brinda dignidad al ser humano y genera una sociedad en la que la vida sea disfrutable, segura y confiable.

Así, si deseamos tener éxitos de carácter de naturaleza pública, resulta necesario, como menciona excelentemente el Dr. Stephen Covey en su obra ya clásica, "los siete hábitos de la gente altamente efectiva" primero alcanzar esas victorias privadas.

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